El andar del Estado
Islámico es una amenaza para la paz y seguridad del mundo. Pero ahora tendrá
una respuesta militar multilateral. El afligido llamado a actuar del papa
Francisco parece finalmente haber sido atendido.
Una coalición de naciones
liderada por los Estados Unidos ha decidido enfrentarlo. Porque entiende que no
puede permanecer impasible frente a la violación de la integridad territorial
de Irak y Siria, ni frente a la brutalidad inhumana del referido grupo, que
cree hablar por boca de un Dios que presuntamente predica la violencia. Y que,
además, actúa con una mezcla de dogmatismo, odios ancestrales, intolerancia y
el terror como instrumento. Por todo ello, el Estado Islámico ha generado
repulsión.
Diez países conforman el
tronco central de la nueva coalición: los Estados Unidos, Alemania, Francia, el
Reino Unido, Italia, Dinamarca, Polonia, Turquía, Australia y Canadá. Todos,
menos Australia, son miembros de la OTAN. Cada uno actuará dentro de sus
posibilidades, cumpliendo el rol que se le asigne. Con actitud ofensiva, pero
sin que ello suponga desplegar masivamente tropas.
No obstante, los Estados
Unidos han decidido enviar 475 efectivos militares más a Irak, donde se unirán
a los mil hombres y mujeres que operan en ese país. Australia -acompañando-
aportará 200 comandos.
Los miembros de la
coalición no sólo actuarán en el plano militar. Además, coordinarán la labor de
sus instituciones de inteligencia
La coalición actuará
coordinando su accionar con el de otras naciones. En lo inmediato, con las
fuerzas kurdas (los «peshmerga»), las tropas del gobierno y las
milicias iraquíes y los grupos de insurgentes moderados «sunnis-sirios».
A los que se sumarán los esfuerzos de otras diez naciones de la región, como
Arabia Saudita, los Emiratos Árabes, Irak, Omán, Kuwait, Líbano, Egipto y
Jordania, entre otros. Francia ya está realizando vuelos de reconocimiento.
Varios países árabes han ofrecido cooperar con sus aviones de guerra en los
bombardeos contra blancos del Estado Islámico en Irak. Arabia Saudita, Egipto y
los Emiratos Árabes podrían ser lo primeros en actuar en esas misiones.
Los miembros de la
coalición no sólo actuarán en el plano militar. Además, coordinarán la labor de
sus instituciones de inteligencia. Identificarán y cortarán el flujo de fondos
que apoya al Estado Islámico. Y procurarán detener a quienes, en más, traten de
unirse a las milicias «jihadistas».
Esto quiere decir que los
Estados Unidos están una vez más «en guerra» contra el radicalismo
islámico. Contra aliados importantes. Ayer el enemigo fue Al-Qaeda. Hoy es el
Estado Islámico. Así lo confirmó el vocero de la Casa Blanca, Josh Earnest, sin
margen para las dudas. El secretario de estado, John Kerry, es algo menos
dramático cuando se refiere al conflicto, al que describe como «operación
antiterrorista de largo plazo». Más allá de si la diferencia de
definiciones es o no trivial, lo cierto es que los aviones norteamericanos y
sus «drones» están actuando contra las fuerzas del Estado Islámico
desde hace algunas semanas, habiendo realizado más de 150 distintas misiones en
Irak y aprestándose a operar contra el mismo enemigo, en Siria.
De alguna manera, las
otras acciones previstas también han comenzado. Por ejemplo, en lo relativo a
detener el flujo de voluntarios que procura engrosar las fuerzas del Estado
Islámico. Se estima que en ellas hay ciudadanos provenientes de 74 distintos
países. En ese verdadero caleidoscopio humano predominan los voluntarios de los
países musulmanes. Particularmente los tunecinos y los sauditas. El contingente
de Túnez, concretamente, tiene unos 2400 guerrilleros. Pero hay también en el
lugar jóvenes radicales de otros orígenes: británicos, belgas, chinos, rusos y
hasta norteamericanos. La vía de acceso principal a Siria es a través de
Turquía, país que apoya a una parte de la insurgencia y que tiene una larga -y
porosa- frontera con esa nación. Pero que ya ha detenido en los pasos de
frontera a unas 92.000 personas que -sospechaba- intentaban unirse al Estado
Islámico. Los sauditas, por su parte, han convertido en delito la presencia de
sus ciudadanos en cualquier milicia armada que opere en el exterior.
En materia financiera,
todos los ojos están fijos en Qatar, país que -hasta ahora- ha sido permisivo.
Aparentemente, Qatar ha cambiado de actitud, endureciéndola, lo que se
evidencia con su reciente pedido a siete líderes de la Hermandad Musulmana de
abandonar el territorio de Qatar. Entre ellos, el propio Mahmoud Hussein, su
secretario general. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, recordemos,
ha prohibido la ayuda financiera a las organizaciones de una lista de las
consideradas «terroristas», que incluye a Al Qaeda y al Frente Nusra
(parte del Estado Islámico). Hay listados de personas intercambiados por los
distintos Estados con los que se pretende no dejar viajar, en vuelos
comerciales al menos, a un conjunto de sospechosos.
La situación de Irán
frente al conflicto es motivo de una preocupación particular. Por el momento,
los Estados Unidos consideran «inapropiado» incluir a ese país en el
accionar coordinado de la coalición. Francia, en cambio, ha dejado abierta esa
posibilidad. Lo cierto es que, frente al enemigo común, habrá que encontrar la
forma de coordinar con Irán algunas acciones. Incluyendo a las fuerzas del
régimen criminal de los Assad, quien podría haber encontrado un nuevo
«salvavidas» político.
La turbulencias
provocadas por la aparición del Estado Islámico en Medio Oriente han provocado
una súbita convergencia de intereses entre naciones que antes estaban
enfrentadas
Ocurre, asimismo, que
Irán es uno de los principales exportadores de terrorismo que existen en el
mundo. Y que, además, está en plenas negociaciones con la comunidad
internacional respecto de su peligroso programa nuclear, habiéndose negado
recientemente a suministrar a la Agencia Internacional de Energía Atómica
información considerada esencial para alcanzar un acuerdo antes del próximo 24
de noviembre, fecha límite para lograrlo.
Irán, cabe apuntar, tiene
también tropas propias combatiendo en suelo sirio, codo a codo con las del
presidente Bashar al-Assad. Desde hace meses. Me refiero a las llamadas fuerzas
«Quds», que (sumadas a las de «Hezbollah», un brazo armado
shiita-libanés que responde a Teherán) han resultado vitales para la
supervivencia de los Assad que, por boca de su vicecanciller, Faisal Mekdad, ha
dicho que Siria «no tiene reservas de ningún tipo» respecto de las misiones
norteamericanas en el espacio aéreo de su país, siempre y cuando sean
emprendidas contra blancos del Estado Islámico.
La turbulencias
provocadas por la aparición del Estado Islámico en Medio Oriente han provocado
una súbita convergencia de intereses entre naciones que antes estaban
enfrentadas, pero que hoy comparten la prioridad de oponerse a un enemigo
común.
Por ello hay cambios
dramáticos de posiciones. Por ejemplo, cuando los norteamericanos se retiraron
de Irak en 2011, entre sus más enconados enemigos estaban las tres milicias
«shiitas» coordinadas por el general iraní Qassim Suleimani, que los
enloquecieron con atentados con explosivos. Esas mismas milicias, sin embargo,
acaban de actuar contra las del Estado Islámico con la protección de la aviación
militar norteamericana.
Hasta Arabia Saudita e
Irán, enemigos irreconciliables en lo religioso, que compiten -facciosa y
abiertamente- por el liderazgo regional, han dejado a un lado las rivalidades
sectarias y comenzado a coordinar algunas acciones contra el ahora enemigo de
ambos.
Siria es probablemente el
país que más cruje de la región. No sólo por su alianza estratégica con la cada
vez más aislada Federación Rusa, sino porque allí nació el Estado Islámico.
También porque aún no es fácil para la comunidad internacional poder apoyarse
-y confiar- en ninguno de los movimientos insurgentes locales. A diferencia de
Irak, donde los «peshmerga» son la primera opción y las fuerzas
regulares del gobierno de Bagdad, la segunda.
Turquía, que es siempre
un actor esencial, tiene a su vez limitantes difíciles de ignorar. Porque
condicionan su actuar. Primero, el hecho de que los milicianos del Estado
Islámico han tomado a 49 funcionarios diplomáticos turcos como rehenes. Ello
sucedió al ocupar la ciudad de Mosul, donde los rehenes desempeñaban sus
funciones. Segundo, el brazo armado del Partido de los Trabajadores, esto es el
movimiento separatista kurdo denominado «PKK», que antes operaba
clandestinamente en Turquía, ahora lucha en Irak de la mano de los «peshmergas».
El peligro que genera el
Estado Islámico ha convulsionado el ambiente internacional. Y provocado una
pausa en los conflictos y tensiones anteriores. Ocurre que los
«sunnis» y «shiitas» moderados tienen hoy frente a sí a un
peligrosísimo enemigo. Por esta razón, todo se reexamina a la luz de esa nueva
realidad.
La lucha contra el
fundamentalismo «sunni» radical (el del Estado Islámico) empezó en
Irak y Siria. Pero el escenario que se abre, como sostiene el actual gobierno
egipcio, es bastante más amplio. Porque la infección a combatir tiene también
raíces en Libia, en el Maghreb y en el noreste de Nigeria, donde «Boko
Haram» acaba de anunciar la conformación de otro «Califato».
El peligro que genera el
Estado Islámico ha convulsionado el ambiente internacional. Y provocado una
pausa en los conflictos y tensiones anteriores
A lo que cabe agregar
que, de pronto, la opinión pública norteamericana -lastimada por las
decapitaciones del Estado Islámico- ha cambiado y ahora apoya al presidente
Barack Obama que, consciente de que el Estado Islámico es una amenaza que no se
limita a Medio Oriente, ha finalmente decido actuar. Lo que supone, entre otras
cosas, regresar a Irak, pesadilla que los norteamericanos creían haber dejado
atrás.
Queda visto que una parte
de la comunidad internacional ha superado su indiferencia respecto del Estado
Islámico y decidido transformar en avance lo que hasta ahora lucía como una
suerte de parálisis.
Para completar el
análisis, cabe señalar que Rusia está hoy en un costado, efectivamente aislada
por su intervención en Ucrania. Fuera del diálogo y profiriendo tan sólo
amenazas. Pero tienen el problema en su interior, en Chechenia y Dagestán.
China, por su parte, apoya tibiamente a la comunidad internacional, mientras
recuerda simultáneamente la necesidad de respetar la soberanía de todos los
Estados. América latina, por ahora, está ausente. Como si estuviera ajena a lo
descripto. Más aún, como si su rincón en el mundo no estuviera conectado con el
resto del planeta. Pese a que los cruentos atentados terroristas perpetrados en
Buenos Aires son un triste recordatorio de una amenaza que ciertamente no ha
desaparecido. La guerra de la comunidad internacional contra el terrorismo
acaba de iniciar una nueva fase. Larga y compleja